lunes, 24 de noviembre de 2008

La elegancia de una muerte cristiana


noticias.org Autor: Hna. Laura Linares Romero, rcscj


Siguiendo con el tema del más allá permitanme presentarles el testimonio escrito por la religiosa Laura Linares, rcscj, quien nos cuenta la experiencia vivida en su familia ante la muerte de su hermana pequeña. Es un testimonio bellísimo de lo que la fe puede hacer cuando está enraizada en la propia vida. Desde Buenas Noticias le agradecemos y le aseguramos nuestras oraciones.


Mi hermana Silvia era la menor de mi familia que consta de cinco hermanas y dos hermanos. Era alegre, de buen gusto, sensible, sencilla, noble y le gustaba mucho cantar y tocar. Estudió Diseño Gráfico. Tenía 34 años de edad y estaba casada con Ricardo, abogado, con el que tenía 2 hijos: Ximena de 5 años y Paulo de 2 años. En octubre del año pasado, tuvo unas hemorragias. Le hicieron estudios y el resultado fue un tumor canceroso. Ella me dijo: «yo ya le dije a Jesús que cuenta con mi sí incondicional como el de María». Vinieron las sesiones de quimios y radios por tres meses. Para marzo del 2008, los doctores dijeron que ya estaba bien, que no había cáncer en su cuerpo y nos alegramos mucho. Pero a principios de mayo tuvo un dolor en la pierna, y le encontraron otro tumor canceroso. Vinieron nuevas sesiones de quimios y radios muy fuertes. Otro día, estaba yo en el Messenger y ella se conectó y pude verla con la cámara. Me contó que hacía unos días empezó a sentir comezón en la cabeza y que al tocarse el cabello se le caía como “pelusita”. Entonces les dijo a todos que fueran a ayudarle a que se le cayera todo y me dijo: «¿Quieres verme pelona? Pues mírame, ¿verdad que estoy bonita? jajaja». Luego se sacó una foto pelona y me la mandó. Todo esto ella lo vivía de manera tan natural como si no le pasara nada y como jugando. Bromeaba de todo, hacía que en lo más dramático termináramos riéndonos. Pero en este tiempo ya sólo se mantenía con morfina pues los dolores eran muy fuertes que la hacían temblar como si tuviera párkinson. Cuando en agosto de este año supo que estaba invadida de cáncer y que ya no le harían nada me dijo: «Te encargo a mis hijos, cuando sean grandes háblales de Dios… como cuando yo era chica y me enseñaste a conocer a Dios. Yo le pido a Dios que les regale a los dos vocación, que si me toma a mí, él los tome a ellos, que no se aparten de Dios». Me decía: «Esta enfermedad ha sido ocasión para percatarme de tanto amor que me ha rodeado […] Fíjate que cuando oro, no me atrevo a pedirle que me cure, porque sería como pedirle que me quite la cruz y yo le dije que contaba conmigo. […] Yo creo que Dios necesitaba muchas oraciones y me tomó a mí de pretexto, para que muchos rezaran. Agradéceles a tus monjitas tantas oraciones, no las merezco». Pero también pasaba sus momentos de oscuridad, como cuando me comentó: «A veces me da miedo de que no sea cierto (la otra vida). A veces tengo miedo. A veces experimento que Dios me abandona». A mi hermano Luis le dijo: «tengo miedo de no estar preparada para estar ante Dios». A mediados de septiembre de este año me platicó que estaba organizando una fiesta y que era una idea suya. Llamó a todos mis primos y les pidió que fueran a una noche mexicana pero en la tarde y que no llevaran a sus niños para que pudieran platicar a gusto. Así, el 13 de septiembre insistió en que la llevaran a la sala de la casa. Se vistió de “mexicana”: con su trenza postiza, collares y rebozo para así estar con todos. Dicen que de sorpresa Ricardo, su esposo, le llevó unos mariachis y que ella se puso feliz, no podía creerlo: ¡lo disfrutó tanto! Luego cada uno fue presentándose y diciendo a que se dedicaba al presente. Grabaron con video la fiesta y ella al final les dijo: «Les quiero dar las gracias a todos, de verdad los quiero mucho… y pues ya todos saben que tengo una enfermedad terminal, y que se haga la voluntad de Dios. Quiero invitarlos a decirle siempre que sí a Dios en sus vidas, por que es lo más maravilloso que puede existir, cuando tú le das un SI a Jesús, un Sí desinteresado, un Sí lleno de amor. Entonces, Él se manifiesta y te llena y llega un momento en que tú eres vacío, eres nada y dejas que todo sea Dios para ti, dejas que sea Dios que obre en ti. Estuvimos pidiendo el milagro, pero ante todo yo les digo que milagro es, no sólo que te de la salud, sino también, es milagro que puedas llegar con Él frente a frente, cara a cara, y poderle decir: CUMPLÍ TU VOLUNTAD HASTA EL ULTIMO MOMENTO». El domingo 28 de septiembre se puso muy malita. Al día siguiente fue el P. Giovanni a ponerle la unción de los enfermos y comenzaron a rezar el rosario y en el primer padre nuestro dejó de respirar. Al morir, su esposo se le acercó, la abrazó y le dijo: «Felicidades chiquita, felicidades lo has hecho muy bien, fuiste muy valiente». Mi hermana dejó dicho que no quería que se vistieran de negro para su funeral ya que sería el día más feliz de su vida, ella iba a ir a las bodas, al banquete. Así lo hicieron todos. También les pidió que la incineraran para poder estar en una Iglesia y para que cuando la fueran a visitar fueran también a visitar a Dios. Todo el año fuimos llorando y sufriendo paso a paso cada susto que nos daba y sin embargo ella lo platicaba con tanta naturalidad. Al final ella se fue y sin duda nos dejó de regalo el gozo íntimo de su testimonio fiel a Dios pues supo darle el primer lugar a El. Él se lo pidió todo y ella fue valiente y generosa, se lo dio con la sonrisa en los labios. En poco tiempo corrió hacia Cristo, le dijo sí, se desposó con El, compartió su cruz, se desprendió de todo, nos expresó su amor, se despidió y se nos adelantó con Dios. Vivió su enfermedad y muerte con elegancia cristiana.

3 comentarios:

caladito dijo...

La enfermedad puede llegar como prueba de Dios, o como acto maligno del diablo. Si llega por Dios es una oportunidad de elevarse espiritualmente, de conocer a Dios, de dar el SI. Pero si es del bicho, hay que pelear duramente. Cómo sabemos cuando es de Dios ó cuando es del diable?

Anónimo dijo...

Aracelly es mi nombre, tengo 39 años,he recibido tantas gracias de nuestro Padre Yavé,que espero que me alcance el tiempo para agradecerselo,no supe lo valioso que es decirle SI, cuando tenia que hacerlo,le pido que me conseda sentir dolor a mi cuerpo, prefiero estar sin algun miembro de mi cuerpo por sacrifio a nuestro Creador que dejar este cuerpo asi como esta. Con amor y humildad aceptare su voluntad, ya que antes no lo aceptaba. Bendito sea Dios y benditas las enfermedades que lleguen a mi cuerpo por Amor a Dios.

María José Arias dijo...

Que maravilloso es poner en manos de nuestro Señor todas nuestras penas,El que es un Dios misericordioso siempre está con nosotros,este testimonio nos deja muchas enseñanzas,lo único que yo agregaría sería,no usemos la cremación esta es una práctica pagana,debemos dejar que la tierra haga su tarea como Dios manda Deuteronomio 18.10